Una pregunta sirve de abrebocas (nunca mejor dicho eso que cuando se habla de comunicar) para un nuevo manual salido de las aulas universitarias: ¿sabés cómo decirlo?
Sus creadores no lo consideran una camisa de fuerza o un libro de recetas, sino un ejercicio de trabajo colectivo que busca llamar la atención de los comunicadores, a favor del respeto sobre las así llamadas “minorías”.
Se trata de un
Manual de Comunicación Inclusiva, puesto a disposición de quienes se dedican al oficio de informar (desde los grandes periódicos hasta, por qué no, los blog como éste), para darles una guía de cómo informar responsablemente sobre diversos grupos sociales que usualmente quedan “excluidos”.
Excluidos porque las reglas de la comunicación han caminado y escrito sin pensar en sus derechos.
El manual tiene quince páginas y existe en formato pdf para ser descargado e impreso, y fue realizado por estudiantes de Comunicación Colectiva de la Universidad de Costa Rica, a la cabeja de los cuales está Alejandro Vargas Johanson, periodista y profesor de la Escuela de Ciencias de la Comunicación Colectiva de la Universidad de Costa Rica.
¿Cuán necesaria consideran una comunicación inclusiva en el país que estamos viviendo?Es urgente volver a ver la calidad de la comunicación en cuanto al contenido de los mensajes y en cuanto al proceso productivo para obtenerlos. La comunicación inclusiva va en ambas direcciones. Aplica para reproducir aquellas temáticas que tienen que ver con grupos sociales que, históricamente, han tenido algún nivel de vulnerabilidad o incluso discriminación. Me refiero a gente con una religión distinta a la mayoría, niñez y adolescencia, personas con alguna discapacidad, mujeres lesbianas y hombres homosexuales, gente transexual, personas indígenas, ciudanía afrodescendiente, etc.
Si creemos que la comunicación social debe ser un agente de cambio para lograr una sociedad más solidaria, la comunicación inclusiva es una de las herramientas para apuntar en esa dirección. No se queda únicamente en las características del mensaje sino también en mi responsabilidad profesional al momento del proceso de producción.
¿Cómo incorporar esa comunicación inclusiva dentro, por ejemplo, del sistema educativo (que es la base de donde salimos aprendidos para hablar socialmente), en el uso público masivo (los medios, a los que dirigen en primera instancia el manual) o, sobre todo, el lenguaje coloquial?Estamos en el primer espacio, la formación educativa de futuros profesionales de comunicación. Junto con la Dirección de la Escuela de Ciencias de la Comunicación Colectiva de la UCR se ha logrado impartir este curso en dos oportunidades como una materia optativa. Se hizo una revisión bibliográfica y una propuesta de programa de curso. Comprendiendo que nada hacemos con sensibilizar a estudiantes sin incorporar a potenciales voceros, también se incorporaron representantes de ONG u organismos internacionales que velan por los derechos de los diferentes colectivos. Si se trabaja en ambas líneas, es probable lograr un cambio en un mediano plazo. Los comunicadores deben hacer mejor las cosas y las personas voceras también deben transmitir mejor la información. Hay que construir una relación respetuosa y comprensiva entre ambos.
Respecto a las empresas mediáticas la idea es que les llegue uno de los productos elaborados, el "Manual de la Comunicación Inclusiva". Ya circula una versión en digital y los estudiantes contribuyen en su difusión.
Para el "gran público" diseñamos, en colaboración con el CIPAC (ONG que defiende los derechos de la diversidad sexual en Costa Rica), unos cortos publicitarios que hablan del respeto a las personas adultas mayores, los derechos de participación política de las personas jóvenes, el respeto a los nicaragüenses, el derecho a manifestar la orientación sexual sin esperar rechazo y los derechos laborales de la gente con discapacidad. Se han pautado en algunos canales comerciales y también en canal 15 de la UCR. Están a disposición de cualquier canal comercial que quiera difundirlos de manera voluntaria y gratuita.
¿Evaluaron cómo se aborda el lenguaje en relación a los grupos humanos, en nuestros medios de comunicación? ¿Cómo fue ese proceso, qué descubrieron?No se ha hecho de manera sistemática. Sin duda, hemos ido recopilando material periodístico, publicitario y de relaciones públicas con la intención a analizarlo en la clase. Hay una tendencia recurrente a presentar temas de manera estereotipada. ¡Grave peligro pues no se da la información correcta!
Ejemplos concretos: las personas indígenas son piezas de museo. Son algo "bonito" pero nada más. La gente afrodescendiente "baila y cocina muy bien". Las personas con discapacidad son "pobrecitas". Solo las personas homosexuales y trabajadores del sexo se infectan de VIH. La Iglesia Católica es lo que diga el señor Obispo.
Todas las frases anteriores llevan una carga peyorativa que no se ajusta a la realidad. Ahí es donde vemos necesario un cambio para hacer de la comunicación social una respuesta a la verdadera información bajo un marco respetuoso ante la Costa Rica diversa. Hay recomendaciones puntuales que aplican para cualquier mensaje y no solo para estas temáticas. Sin embargo, en estos temas no se pueden dejar por fuera. Me refiero a enfocarse en las políticas públicas y no en los detalles morbosos, consultar muchas fuentes, remitirse a las legislaciones existentes ya que el respeto a los derechos de estos colectivos no son concesiones gratuitas, entre otras.
En el manual hacen una selección de casos de exclusión (afrodescendientes, mujeres, homosexuales), ¿cuál fue el proceso para seleccionarlos?En realidad la selección de temas no respondió a un proceso previo de investigación. El curso está diseñado para determinadas semanas y se dedicó una semana para cada temática. Esta es una propuesta en construcción y no abarca todas las realidades que uno quisiera. Por ejemplo, en el manual quedaron por fuera las personas refugiadas –condición muy diferente a las personas migrantes- y la gente adulta mayor. Tampoco hay recomendaciones para los jóvenes en conflicto con la ley. Y debería haberlas. Para el caso de la gente refugiada en Costa Rica (principalmente originaria de Colombia) afortunadamente hemos enmendado la omisión inicial con un taller a cargo del Alto Comisionado para los Refugiados ACNUR.
Un poco a modo de ranking, ¿cuáles consideran los grupos más "excluidos", en general en nuestra sociedad, en términos de lenguaje? Tomando como exclusiva lo opuesto a lo que promueven en su manual, lo inclusivo.No me atrevería a hacer un ranking ya que detrás de cada exclusión hay un fuerte sentimiento frustrante de las personas perteneciente a ese colectivo. Creo que solo formando parte de los grupos mencionados podremos comprender ese impacto mediático. Sería injusto decir que uno es más fuerte que otro. Eso sí, es importante saber que en nuestro país ya ha habido producción de este tipo de recomendaciones en temas como violencia contra la mujer, trabajo infantil, género, VIH, nicaragüenses, discapacidad.
Es decir, profesionales de la comunicación ya se habían preocupado por hacer el vínculo entre esas temáticas y la comunicación social. Me refiero a colegas como Thaís Aguilar, Alely Pinto, Lilly Edgerton, Carlos Sandoval, Mauricio Herrera y Leonardo Segura. Nuestra propuesta incorpora ese camino ya recorrido y pone sobre el tapate un poquito más de de temas.
Cuando hablamos de lenguaje debemos entender la palabra escrita y audiovisual. Eso es parte de lo que hemos llamado comunicación inclusiva que también podría ser ética, responsable, etc. Sin embargo, el asunto debe ir más allá de chinear las palabras y los planos de grabación.
Producir una comunicación inclusiva debe necesariamente pasar por una confrontación personal de nuestras visiones de mundo sobre esas realidades sociales: ¿Soy xenófobo? ¿Hago chistes de la pobreza material? ¿No me gustan las personas transformistas? ¿Me incomoda entrar en contacto con alguna persona con discapacidad? ¿Le tengo paciencia a los chiquitos y chiquitas?
Ese examen personal debe hacerse antes y durante la elaboración del mensaje con el fin de ofrecer los enfoques necesarios y no mis propios temores y estereotipos. Por eso, todo profesional de la comunicación debe estar siempre preparado a recibir información. Hay que ser humildes y reconocer: "De ese tema, no sé nada".
Con la comunicación inclusiva hay implícitamente hay un llamado a otro gran público: la ciudadanía. Esto debe dar pie para que la gente que critica los mensajes mediáticos, sistematice y promueva una lectura constante de esos productos. Analice y haga conclusiones. Y lo más importante incida en los comunicadores y en los voceros de los temas para generar un cambio.
Esto que describo cabe dentro de lo que conocemos como Observatorios Ciudadanos. Hay observatorios para noticias y también para publicidad. Ojalá las universidades, colegios profesionales y grupos de la sociedad civil vean aquí un espacio para la incidencia con un tono constructivo y no represivo. En Costa Rica ya existe el Observatorio Ciudadano para las Noticias de Personas Migrantes y Refugiadas. Es un buen inicio para que Costa Rica comprenda los aportes de la diversidad al menos a través de informaciones apegadas a los derechos de las personas migrantes y refugiadas.
De los ámbitos meta que señalan en el manual, el caso de la publicidad resulta interesante, porque pretende ser extremadamente masiva, pública, y a menudo trabaja una técnica de comunicación que maneja esquematizaciones, simplificaciones, lo cual puede llegar a ser bastante peligroso si no hay un proceso de educación por parte de los creativos –y los anunciantes, incluso- ¿Cómo han visto ese mundo en Costa Rica, el de la publicidad, respecto a lo que el manual señala y busca cambiar?Este es uno de los temas más difíciles de permear. Seamos honestos: el manejo de los estereotipos es una simplificación de las realidades. Eso no lo vamos ni pretendemos variar con una propuesta como ésta. Creo que hay "nichos" y los profesionales de publicidad se guindan muchas veces de ese argumento para justificar y justificarse.
Eso no está del todo mal y tienen en buena parte razón. A la hora de producir un mensaje publicitario sobre estas temáticas, creo que la comunicación inclusiva pasa por la confrontación profesional con el tema, con la responsabilidad de buscar fuentes diversas, promover sesiones de grupo no solo con el cliente sino con gente de esos colectivos antes de transmitir el mensaje, con la búsqueda de los marcos legales nacionales e internacionales que defienden los derechos de la gente que hacen diversa a Costa Rica.
Ya puramente sobre la difusión del manual, ¿qué acciones están emprendiendo para divulgarlo? ¿Han hecho algo con las empresas de comunicación y, eventualmente, han tenido alguna reacción?El manual dice que "está libre de propiedad intelectual", con o sin TLC, así que bienvenidos y bienvenidas todas las personas que crean que esas recomendaciones puntuales pueden ayudar un poquito a que la comunicación social mejore la convivencia y el respeto entre quienes habitamos en este país. Hice un presupuesto para un modesto tiraje en papel y asciende a poquito más de medio millón. Primero habrá que ahorrar.
Pero se puede reproducir sin pedir permiso. Agradeceremos eso sí el reconocimiento colectivo al curso de Comunicación Inclusiva 2007–2008 de la ECCC de la UCR.
Comments (0)